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La Humanidad: entre lo homogéneo y lo heterogéneo |
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La Carreta
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Página 3 de 5 Europa no declara un “Destino Manifiesto” pero si construye una ideología que contribuye a sustentar y mantener la expansión capitalista: El Racismo. A principios del siglo XIX comienza a aparecer El Racismo que nace de las doctrinas del evolucionismo histórico de la ilustración. Este suponía la existencia de muchas familias humanas que estaban marcadas por los fines para las que habían sido creadas y se fundamentaba en las nuevas culturas científicas de finales del siglo XVIII en Europa. Según estos científicos todo lo relativo a la condición humana podía explicarse en términos de la biología y la fisiología e: “insiste en que las distinciones entre los pueblos se encuentran no en la cultura sino en su naturaleza, que algunas razas han sido dotadas con cualidades superiores a otras y que los rasgos raciales sólo pueden cambiar por el contacto biológico con otras razas” (ANTHONY PAGDEN, IMPERIO, RAZA Y NACIÓN, EDITORIAL MONDADORI. P.173). Es la misma ambición la que motiva al europeo a definirse como la raza “civilizadora”: homogenizar a la humanidad para un sólo mercado y el triunfo indiscutible del capitalismo.
Una de las naciones poderosas que más en serio se tomo esta misión civilizadora fue la Británica, casualmente de la que descienden los creadores del Destino Manifiesto. Aunque no están descartadas las “contribuciones” que en este aspecto hicieron los Alemanes y los franceses con Napoleón como su máximo representante. Anthony Pagden nos habla específicamente del papel que cumplieron los británicos en esta misión en su libro “Pueblos e Imperios”: “El imperio británico en los inicios del siglo XX seguía comprometido con la idea de que su supervivencia estaba justificada por su misión de “civilizar” al “bárbaro” y al hacerlo, llevar a los pueblos del mundo hacia una única comunidad mundial. En esta idea está implícita la noción de que un día, en un distante futuro, los pueblos colonizados del mundo serán verdaderamente “civilizados” (P.187)
En todo caso, lo que de aquí se desprende es aún más desconsolador. Las naciones se desdibujan en la actualidad para darle paso a las grandes federaciones. Lo que les interesa ahora a quienes dominan el mundo es dominar los mercados, aunque sea a costa del genocidio y expropiación de pueblos enteros como consecuencia directa de estos procesos modernos, tanto de consolidación capitalista como de la construcción de la idea de nación. La tendencia general moderna radica entonces en dividir el mundo en grandes secciones, con base en la supuesta uniformidad de los modelos históricos o culturales. Esta tendencia niega la heterogeneidad existente entre los distintos pueblos que conforman el mundo, a la vez que sirve como fundamento a una sociedad de consumo totalmente desarraigada cultural, política y socialmente. En este sentido se explica el por qué este sistema homogeniza y al mismo tiempo domina con fines políticos y sobretodo económicos, viéndose afectada directamente la cultura.
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